No hace falta mucho para añadir un toque final impactante a tu presentación. Todo lo que necesitas es un puñado de trucos, uno para cada dedo. ¡No es magia!
1.“El transporte mundial de frutas tropicales a Alemania: un estudio de caso sobre la exportación de naranjas y otros cítricos”.
2. “El emocionante viaje de la naranja hasta nuestro hogar”
Ambos titulares se centran en el transporte de naranjas, pero la primera versión suena un poco rígida… y mucho menos emocionante que la segunda. ¿Por qué? El público siempre quiere emprender un viaje, entretenerse y divertirse. Captáralo con tu titular, despierta su interés por el contenido y cautívalo desde el primer segundo.
¿Has encontrado un titular interesante y emocionante? ¡Excelente! Mantén este concepto durante toda tu presentación. Lleva al público de viaje y cuenta una historia sobre tu presentación. Adorna cada punto con aspectos informativos y datos objetivos, y notarás que al final de tu discurso el público habrá estado mucho más atento. Un hecho indiscutible: una lluvia de datos y una enumeración monótona de cifras pueden resultar especialmente informativas, pero después de un tiempo el oyente desconecta y se aburre. No ocurre lo mismo con una historia emocionante y bien narrada: quieres escuchar cada detalle del relato y permaneces constantemente enganchado a tus palabras.
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¡Tú eres quien presenta! Tu trabajo consiste en entretener al público y hacer que la actuación cobre vida sobre el escenario. Por eso es aún más importante que tus diapositivas te apoyen y destaquen lo que ya has dicho. Lo que no quieres hacer es leer en voz alta los textos que aparecen en tus diapositivas. Si te limitas a leer lo que has escrito, rápidamente te vuelves aburrido y prescindible, porque el público puede leer por sí mismo. Lo que sí puedes hacer es que la presentación sea dinámica e interesante. Las diapositivas no deben ser un guion que simplemente leas.
Lo has conseguido: el público te escucha y está completamente inmerso en el tema. Ahora puedes reforzar tu historia sobre el contenido de la presentación mediante un uso intencionado de imágenes. El ojo procesa las imágenes mucho más rápido que el texto, por lo que el oyente agradecerá el cambio. Sin embargo, las imágenes no deben elegirse al azar, sino que deben enfatizar y reforzar lo que has expuesto.
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A veces, menos es más: usar imágenes está bien y es importante, pero no te excedas. En el centro de tu presentación, ten cuidado de no convertirla en una simple presentación de diapositivas.
La próxima vez que no sepas qué hacer durante una preparación y te preguntes qué más podrías hacer, ¡piensa en tu mano y en sus trucos!
Copyright Fabio K.
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